Navarra, un recorrido en cuatro estaciones

La variedad paisajística, la riquísima gastronomía, la calidad de sus infraestructuras y la amplia oferta de actividades hacen de Navarra un lugar de indudable atractivo turístico en cualquier época del año. El visitante puede optar entre el bullicio festivo del verano, la magia reposada del otoño, los ritos de la nieve y el frio del invierno o la explosión de la naturaleza de la primavera. Si a ello se añade la calidad de los diferentes tipos de alojamientos repartidos por toda la geografía y los sabores naturales de su excelente cocina, el cóctel resultante parece capaz de satisfacer al más exigente de los viajeros.

Primavera, caminos de tierra y agua

La naturaleza explota en Navarra con la llegada de la primavera. Los hielos de las montañas se funden para permitir el descenso de las almadías por las aguas roncalesas, las aves inician el apareamiento, el verde cereal crece junto a las flores y los campos ofrecen en todo su esplendor sus primeros frutos. También Pamplona se ofrece al visitante con alegría. Pasado el duro invierno, la capital navarra comienza a atraer a los peregrinos a Santiago. La vieja Iruña, con sus calles empedradas y sus bellos templos, se une con la Pamplona moderna, bien equipada y comunicada, capaz de atraer al profesional más exigente y que este año va a ver cómo se pone la primera piedra del Palacio de Congresos. Con la primavera llegan a la mesa algunos de los mejores productos naturales de nuestra gastronomía. La Ribera navarra ofrece las más tiernas y variadas verduras, espárragos, alcachofas, borrajas, menestra,... en el norte es la época de la trucha y el apreciado salmón y en la Navarra húmeda destacan las setas o perretxikos y la cuajada.

Verano, estalla la fiesta

El verano está unido a las fiestas, la mejor manera de expresar el alma de sus habitantes. Los Sanfermines son la fiesta más univérsal de nuestra geografía y su celebración ofrece por sí sola todos los requisitos para prograrnar una visita a esta exaltación de la hermandad y la participación popular. Sin embargo. no es el único atractivo de Navarra durante la época estival. El calendario está salpicado de otras fiestas menores, residuos de la cultura ancestral de este pueblo. Las danzas y el deporte rural caracterizan las fiestas de la zona norte, y los encierros de toros y vaquillas centran las de la zona media y sur (Tatalla. Tudela, Estella, Arguedas, Falces, etc.). También la tradición tiene un hueco en este apretado programa, con fiestas de reconocida raigamhre como el salto de las hogueras la noche de San Juan en Zugarrumurdi o el Tributo de las Tres Vacas, el 13 de julio en la muga de los valles de Roncal y Baretous (Francia). A la oferta de hoteles y casas rurales se suma en verano la red de campings de nuestra Comunidad, un total de veintitrés establecimientos repartidos por toda la geografía y que apuestan por la calidad de sus servicios como principal reclamo para los visitantes. Todos ellos, además trabajan en colaboración con las empresas de servicios turísticos para ofrecer actividades deportivas, culturales y de ocio.

Otoño, la hospitalidad del color

El otoño llega vestido de colores ocres y marrones, de tibio sol y de ritmo pausado, de magia y serenidad. Es el momento de disfrutar de los aromas de la naturaleza, del fuego de la chimenea o de tradiciones milenarias como la recogidas de hongos y setas o la caza. La naturaleza, por tanto, se convierte en protagonista de esta época del año. El senderismo encuentra en el otoño su mejor y más atractivo aliado. Las numerosas empresas de servicios turísticos que trabajan en Navarra presentan una variada oferta para recorrer los cientos de kilómetros que cruzan de norte a sur y de este a oeste nuestra Comunidad repartidos entre cañadas, senderos y caminos. El variado patrimonio histórico y cultural viene a sumarse a la oferta de turismo activo. El otoño se convierte en una de las mejores épocas para disfrutar de las más de 375 casas rurales que salpican la geografía navarra, principalmente la montaña, o de la red de hoteles rurales. Algunos de estos establecimientos son auténticas joyas arquitectónicas y todos ellos cuentan con todas las comodidades necesarias para disfrutar de las vacaciones. Por lo que respecta a la gastronomía, el otoño permite disfrutar de las setas recién recogidas, de las diferentes clases de alubias, de las tiernas carnes producto de la caza o del intenso olor y sabor de los pimientos asados.

Invierno, rito y tradiciones

Los amantes de la nieve, y más concretamente del esquí de fondo, cuentan con numerosas pistas señalizadas en las sierras de Urbasa, Andía y Aralar y en las cumbres de los valles de Belagoa (Roncal) y Abodi (Salazar). También el invierno es tiempo de cita con los ritos y las tradiciones en la Navarra rural. Es el momento del carnaval, y numerosas poblaciones salen a la calle a celebrar una tradición que se pierde en la memoria de nuestros antepasados. Personajes como Miel Otxin, Ziripot, los zanpantzarrak, los zakuzar, los zarramuskeros o los momotxorrok, entre otros, impregnan de colorido numerosas localidades antes de dejar paso a la cuaresma. Es, sin duda, un buen momento para gozar de la hospitalidad de sus gentes alojados en sus confortables hoteles y casas rurales, y disfrutar de las excelencias gastronómicas de este época. Merece la pena visitar alguna de las numerosas sidrerias existentes y degustar el típico menú a base de tortilla de bacalao, bacalao frito con pimientos, chuletón de ternera, nueces y queso con membrillo, todo ello regado con sidra natural. No se quedan atrás las tradicionales migas de pastor, las costillas de cordero y el queso, habituales en los restaurantes de Roncal y Salazar.